"Silverado", un saloon, una bella y cuatro hombres


En "Silverado" (Lawrence Kasdan, 1985) cuatro hombres se encuentran en el desierto: un joven que espera hacer fortuna y su desastroso hermano me­nor; un vaquero de color que quiere vengar la muerte de su padre y un solitario que se encuentra a gusto lejos de la civilización. El solitario Emmet salvó a Pa­den, que había sido atracado y dejado por muerto en el desierto. Con la ayuda de Mal, que tenía un asunto pendiente con el sheriff local, sacan de la cárcel a Jake, el hermano de Emmet. Los cuatro cabalgan hacia Silve­ra­do, ciudad dominada y aterrorizada por un sheriff corrupto. En Silverado hay un saloon y una bella. "Silverado" es un western rodado en 1985, años después de la muerte oficial del western con "El último pistolero", de John Wayne (1976), tras una larga agonía que dio gran­des títulos de tono nostálgico y crepuscular como "La balada de Cable Hogue" y "Duelo en la alta sierra". A diferencia de éstas, "Silverado" canta el western mítico, el de siempre, sus protagonistas son jóvenes, llenos de ilu­sión y de ganas de vivir; tienen afán de justicia y se jue­gan la vida por hacer el bien. Entendámonos bien: en todo momento se han rodado westerns, tam­bién en 1985 Clint Eastwood filmó "El jinete pálido", pero sus días dorados han desaparecido y más en aquel entonces. "Silverado" llegó como una declaración de amor al género de Lawrence Kasdan, que había escrito los guio­nes de "El imperio contraataca" y de "En busca del arca perdida", y podía permitirse lo que le diera la gana. Y lo que quiso fue jugarse el prestigio y la fortuna -y la de su familia entera- en esa película. Tiene "Silverado" todos los ingredientes de un clásico: la manera de rodar el desierto, las cabalgatas, los duelos y el saloon; y es fácil reconocer deudas con John Ford, Howard Hawks, John Sturges y tantos otros. Se trata de un homenaje de un buen discípulo, comparable a lo que hizo Peter Bogdanovich en "¿Qué me pasa, doctor?" con el slapstick y todo el cine cómico de la era silente. A to­do ello añade una moderna dosis de humor que tiene que ver con su citada colaboración con Spielberg y Lu­cas, sello de su generación y del afán de hacer del ci­ne al­go divertido. Cuenta además con un plantel anto­ló­gi­co, aunque en 1985 no lo sabían. Kevin Kline y Kevin Kost­ner no eran estrellas todavía, las estaba construyendo Kasdan; Dani Glover no era criatura de Kasdan, pe­ro tampoco era una estrella; "Silverado" fue uno de los hi­tos que les impulsaron al estrellato. La película funcionó moderadamente bien. Cubrió gas­tos, dio unos modestos beneficios y fue candidata a dos estatuillas menores (sonido y música), nada más. Sin em­bargo, su fama se extendió desde el primer momento y creció con el paso del tiempo y, por ejemplo, hi­zo más por el nombre de Kasdan que otras muchas pe­lículas que él ha escrito o dirigido. Lanzó y recuperó a numerosas estrellas -modestamente, no es tiem­po de westerns-, se convirtió en un clásico, un referente obligado, y sigue siendo una película muy entretenida que va­le la pena volver a ver.

Keyra Krueger Voorhees




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