Soy mujer y me gustan las mujeres


Soy mujer. ¿Hay algo que me excite tanto como ver a Paco tendido en la cama, desnudo y en actitud sugerente? Sí: ver a Keyra tendida en la cama, desnuda y en actitud sugerente.
Reconozco que yo me inspiro sexualmente de forma diferente a la de Paco. Esto significa que algo puede provocar mi rechazo automático si para él es "caliente". Por ejemplo, a mí no me "prenden" los videos de porno casero. Su estética hiperrealista, donde aparecen hombres tan panzones como los que conozco y chicas que tienen tantos michelines como yo, me "enfría". Me da igual quién protagonice esos videos.
La respuesta sexual es un proceso esencial para la supervivencia de las especies. Este es un instinto más desarrollado en Paco, quien se basa en lo que observa de y en mí para conseguir su excitación. En cambio, yo veo su cuerpo desnudo, pero no es tan importante lo que observo, si no lo que me imagino.
Donde Paco solamente me ve unas nalgas ricas, yo esbozo todo un ensayo mental sobre cómo y por qué él me ve las nalgas ricas. Soy profundidad. Paco es superficie.
Las circunstancias que rodean una situación pueden hacerme sentir deseada y deseante. También hay razones culturales. Paco, un hombre heterosexual, tiene un problema a la hora de excitarse, porque a veces alberga pensamientos bloqueantes. Si piensa en masturbarse viendo una imagen, digamos, homoerótica, aparece el conflicto. No se da a sí mismo permiso para ello. Está más condicionado, porque piensa: "Si otro hombre me gusta, ¿soy puto?". Yo no me defino a través de lo que me excita; ya no entro en conflicto conmigo misma.
Si me pongo cachonda con una imagen erótica femenina (foto o video), no es extraño, por tanto, que haya experimentado algo parecido con Keyra.
Claro, mi primera vez fue con Keyra. En multitud de ocasiones nos hemos pasado la noche cogiendo. Por soledad. Por vivir. Por amor. Nosotras vemos las cosas de una manera muy distinta a la de Paco. Este escenario, donde los genitales o la inclinación sexual no son tan relevantes a la hora de fantasear o, por qué no, incluso probar, no encaja con Paco, donde lo explícito aplasta a lo onírico. Sospecho que cuando él empiece realmente a aceptarse a sí mismo, a sacar al puto que lleva dentro, será un hombre muy distinto: cálido, humano, divertido, peligroso, psicodélico, con parámetros completamente diferentes a la mayoría masculina. Y donde mi cuerpo desnudo sólo sea una excusa para que él empiece soñar despierto, más allá de los detalles de mi vulgar anatomía.
A pesar de que la sociedad hoy en día ha avanzado y ya no existen tantos prejuicios como antes, cuando a una persona le gusta alguien de su mismo sexo, suele ser algo mal visto o, por lo menos, algo considerado como extraño. Sin embargo, es importante recordar que la homosexualidad y la bisexualidad son orientaciones totalmente normales y válidas.
La orientación sexual es un pedazo de plastilina que se va moldeando a lo largo de nuestra vida. De hecho, la bisexualidad se caracteriza por la atracción hacia todas las expresiones de género de manera indistinta.
¿Y se pueden tener fantasías lésbicas sin ser homosexual o bisexual? Sí. ¿Por qué no? De hecho, las fantasías lésbicas son sólo eso, fantasías, producto de la imaginación, y recrearse en ellas no es sinónimo de querer llevarlas a la práctica. Además, las fantasías no hacen daño a nadie.
Las fantasías lésbicas son muy comunes. Primero, porque el cuerpo femenino se sigue vendiendo como el principal objeto de deseo. En segundo lugar, un encuentro sexual entre dos mujeres siempre se nos muestra en la ficción como algo muy satisfactorio.
Pero llevar a cabo una fantasía sexual no quiere decir que una persona ya sea distinta o que se haya modificado la realidad que tenía antes. Todos somos seres diversos, con una sexualidad amplia y con preferencias fluctuantes La sociedad muchas veces nos restringe, nos hace sentir que nuestros deseos se salen de una etiqueta inamovible y que no son normales, creándonos dudas, inseguridades y angustias innecesarias.
Yo siempre me sentí diferente. Simplemente no me sentía bien. No encajaba en ninguna parte. Lo supe cuando en la Preparatoria fui a una fiesta y vi a Keyra bailando. Lo que sentí en mi estómago fue… bueno, simplemente lo supe. Ella era mi primer crush real.
El hecho de saber que a ella yo también le gustaba, me ayudó a darme cuenta de que era posible que yo no fuera un bicho raro. Ya estábamos muy unidas, así que darnos un encerrón en el cuarto de un hotel de paso nos hizo tener más afecto la una por la otra.
Empecé a pensar que tal vez sólo me sentía atraída por Keyra y no por las mujeres en general. Pero entonces me di cuenta de que había otros signos de mi infancia que apuntaban hacia el hecho de que probablemente también me gustaran los hombres, como que en el Cuarto Año de la Primaria encontrase muy guapo a una niño de la clase y que siempre quisiese estar con él y abrazarlo. Ese es el momento inicial más claro sobre el que puedo reflexionar, pero el cariño, la comprensión y la paciencia de Keyra me hizo aceptarme por completo.
Luego me enamoré de Paco. Keyra me animaba a que se lo presentara y a que las dos nos lo cogiéramos al mismo tiempo. Incluso Keyra me ayudó a escribir un inspirado poema para él. Sin embargo, en ese momento no era consciente de que existía el poliamor.
Primero me sorprendí y luego me puse celosa al darme cuenta de que Keyra se sentía cada vez más atraída hacia Paco. Lo peor vino cuando noté la mirada de borrego a medio morir que Paco le dedicaba a Keyra. Pero no fue hasta el año pasado cuando fui capaz de admitir que todo eso estaba bien, que todo eso era el poliamor, que yo había decidido compartir mi vida con otras dos personas, que mi mente y mi cuerpo formaban parte de un multiverso donde sólo cabían tres formas de amar.
Fue gracias al apoyo de varios libros que empecé a sentirme muy cómoda con mi identidad y con el poliamor, hasta el punto de hacerme a la idea de que también puedo estar enamorada de Leslie.

Ivonne Mulier Tenebrarum

Comentarios

Entradas populares