“Los demonios”, una película maldita y prohibida

 


"Los demonios" (Ken Russell, 1971) está basada en el caso real de las posesiones de Loudun, Francia, del siglo XVII. La película presenta el enfrentamiento entre la corte de Luis XIII, fuertemente influenciada por el Cardenal Richelieu, con el Padre Urbain Grandier, el sacerdote jesuita que funge como gobernador de la ciudadela Loudun. Las cosas se complican cuando, por causa de Grandier, se desata un caso de histeria masiva dentro del convento de monjas ursulinas, provocada por la Hermana Jeanne, abadesa jorobada que está sexualmente obsesionada con Grandier. Grandier es un sacerdote que no sólo disfruta de los placeres carnales desvirgando a cuanta joven convence y luego olvidándose de ellas, sino que por azares del destino decide casarse en secreto con la única mujer que en verdad ha amado. Sin embargo, los problemas surgen cuando la madre Juna de los Ángeles, queriendo y sin poder fornicar con el clérigo, se entera de la unión matrimonial y comienza a esparcir mentiras sobre este hombre al asegurar que no sólo la ha violado, sino que se trata del demonio en carne y hueso. La sugestión de la religiosa llegará tan lejos que ella misma se convence de estar poseída, contagiando de esta creencia a sus demás hermanas, lo que dará pie a uno de los casos más increíbles de exorcismos masivos. Esta película es, literalmente, imposible de mirarla en su corte final, pues hasta hoy en día las versiones que se conocen de ella no muestran todo el contenido original capturado en casi 160 minutos, sino que la más fiel –la versión británica- dura apenas 117 minutos. Pero incluso cuando uno mira esta última versión se puede comprobar el porqué hasta hoy se mantiene en la línea de maldita y prohibida.


Keyra Krueger Voorhees


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