Cómo cabalgar a un hombre
Siempre es excitante (para los tres) que tú seas la que mande y que puedas hacer lo que quieras. Además, eres penetrada profundamente. Cuando estás ahí arriba, tu desnudez queda expuesta para admirarse, gozarse y manosearse. ¡Cuán hermoso es el vaivén de tus caderas, el bamboleo de tus tetas…! ¡Y mira cómo tu hambrienta panocha devora a la verga!
Pero no tengas prisa. Aprovecha los encantos que Diosito te regaló y calienta a Paco todo lo posible antes de cogértelo. Cuando él ya esté a punto de turrón, acostado bocarriba, ignora a su verga y bésalo en la boca, un largo beso de tornillo. A continuación, móntate a horcajadas sobre su cuerpo y coloca las tetas cerca de su cara. Permíteme dirigir tus pezones hacia su boca. ¡Mira la cara de idiota que pone cuando empieza a chuparlos...! ¡Girl Power!
Déjame tomar la verga con una mano y frotarla contra tu coño. Quiero juguetear con el inflado glande, deslizándolo hacia adelante y hacia atrás de tu empapada abertura, metiéndolo en ella de vez en cuando sólo para volverlo a sacar enseguida. También quiero ver cómo la verga se sumerge dentro de ti, hasta el fondo.
Inclínate hacia adelante. Apoya todo tu peso en las palmas de las manos sobre la pared o sobre la cabecera de la cama, sobre sus hombros o sobre su pecho, de forma que puedas mover las caderas con total libertad. Hazlo. Arriba. Abajo. Circularmente. De lado a lado. Zarandeando todo el cuerpo o sólo la pelvis. Para controlar el ritmo y la duración de las cosas, sé receptiva a sus repuestas. Cuando menos se lo espere, quédate quieta. Deja que tus pezones opriman a sus pezones, toca mejilla con mejilla e intenta apretar la verga con la panocha (¿Acaso nunca has hecho los ejercicios de Kegel?). Lámele el cuello, las orejas, la cara, los labios... No olvides ensalivar la palma de una de tus manos y con ella dedícate a estimular los huevos. Levanta una rodilla para apoyarte con ese pie. Así, tendrás mayor espacio para retomar el subibaja.
Ahora, de buenas a primeras, mantente erguida. De este modo conseguirás que el glande alcance el cérvix. Agita la pelvis con fuerza y rapidez.
Muéstrate segura de ti misma y olvídate de todo tipo de complejos y traumas. Sácate de la cabeza la idea de que te está examinando cada parte del cuerpo para ponerle una calificación y, por el contrario, siéntete bonita y buenota. Toma el mando de la situación. Hazle ver que estás súper cómoda contigo misma y ahí encima, enchufada. Simplemente con esto, conseguirás un trono en su cerebro.
No te muestres tímida e intenta mantener el contacto visual. Sonríele. Es importante recalcar que, además de zangolotearte como si estuvieras compitiendo para recibir el Premio a lo Más Obsceno, Indecente y Profano del Año, apliques sin tregua caricias diabólicas, besos guarros, mordisquitos vampirescos, lamidas caballunas y gimientes "¿te gusta?". Y si, a medida que el tiempo pasa y la cruda realidad se aleja, suelta algunas frases hot subiditas de tono, como "dame una nalgada, papi", "cabrón, méteme un dedo en el culo" o "me encanta tu verga", serás inolvidable. Sin embargo, no hagas preguntas o/y afirmaciones que no estén relacionadas con la cabalgata.
Deshabilita a tu botón mental de locura y no intentes darlo todo desde el primer minuto. Lo mejor es que encuentres a tu propio placer. Empieza tierna y suave. Poco a poco, libera a la bestia que llevas dentro. En caso de que te canses o te tardes demasiado en llegar al orgasmo, reduce el ritmo y vuelve a buscar la chispa adecuada. Incluso, opta por cambiar de ángulo: da media vuelta.
Varía el ritmo. Despacio. Rápido. Muy despacio. Muy rápido. Hacia arriba y hacia abajo, pero también hacia adelante y hacia atrás, e incluso en círculos, triángulos, cuadrados y octágonos. Este es un punto fundamental para evitar que el encuentro sea monótono y acabe en el cementerio de los recuerdos olvidados. Los diferentes movimientos y el cambio de velocidad generarán en ambos diferentes sensaciones y, así, también, percibirás qué es lo que más (te/le) gusta. Si a esto le agregas una potente contracción de músculos vaginales, ingresarás a una dimensión distinta.
No te reprimas y exprésate mediante uno que otro desaforado grito. Una prueba concluyente de que estás perdiendo el control gracias al placer, hará que esa verga esté aún más dura.
Una verga dura no es flexible y sentarse sobre ella incorrectamente y presionarla hacia abajo con todo tu peso corporal puede resultar en mucha tensión y dolor. Asegúrate de encontrar su ángulo natural y coloca la pelvis en una posición en la que no exista ningún tipo de molestia. Cada hombre tiene la verga en un ángulo diferente, así que no asumas que puedes montar a Paco igual que a otro güey. Si lo haces mal, podrías causar sufrimiento físico. Imagínate que estás clavando un clavo en la pared y la punta encuentra una piedra: por más que golpees, la punta se aplasta, se dobla y se pliega sobre sí misma. Eso ocurre cuando se rompe la túnica albugínea, que se encuentra estirada rígidamente durante la erección. Ahora bien, cada vez que montes a Paco entusiasmo, a un ritmo veloz y sin pausas, no dejes que la verga se salga de ti porque, de lo contrario, corres el riesgo de provocar una fractura de peniana.
Ivonne Mulier Tenebrarum
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